lunes, 27 de agosto de 2018

Cómo es la formación del Servicio Penitenciario

La formación de los cadetes del Servicio Penitenciario, incluye dos años de adaptación a una vida de convivencia con gente que “equivocó el camino”. 


En el instituto ubicado junto al Oratorio Don Bosco, se les enseñan las herramientas para compartir el día a día con ellos y así lo explica el licenciado Héctor Rojas, director del Instituto de Formación Penitenciaria. 

El licenciado Rojas hace 18 años que trabaja para el Servicio Penitenciario. Puede decirse que se trata de “herencia familiar”, ya que su padre se retiró de dicha actividad hace aproximadamente una década. Junto a los instructores que lo acompañan, está al frente de los 13 cadentes que hay en primer año y de los 17 que hay en segundo.

Desde la visión de un penitenciario, ¿cómo es trabajar en esto?

Primero surge por necesidad -como la mayoría de los trabajos- pero después brota la vocación. Es una tarea complicada, no es sencillo. Dentro del Servicio Penitenciario ves de todo porque trabajás con personas y esa es nuestra principal misión. En ese trabajo con personas te encontrás con un sinfín de situaciones, también con violencia.

Tuve la posibilidad de ir a capacitarme, cursé la Tecnicatura Universitaria en Seguridad Pública, en 2007, y a posterior la Licenciatura en Seguridad Penitenciaria.

¿A qué se refiere con “violencia”?
Violencia física… imaginate en una casa donde hay una familia con hijos, siempre hay conflictos, nunca estamos de acuerdo en qué película vamos a ver, en qué vamos a comer, a dónde vamos a salir a pasear. Imaginate donde conviven 300 o 400 personas. Siempre se generan roces que terminan en violencia, tanto física o verbal entre ellos, hay de todo.

El rol que tiene que tener un penitenciario debe servir también para mediar en esto, ¿no?
En nuestro proceso de capacitación, nos preparan para eso. Nosotros, cuando llega la persona, nos olvidamos del delito que la trajo al ámbito penitenciario. Empezamos a trabajar con una persona, aplicamos un tratamiento. Yo a la seguridad penitenciaria la divido en dos grandes rubros: la seguridad y el tratamiento (la tarea de reinserción, resocialización de las personas privadas de la libertad).

¿Se logra resocializar? Pregunto, para luchar contra el mito.

Sí, creo que la legislación es perfecta. Por ahí los medios no te acompañan. Realizando trabajo en equipo se puede lograr resocializar a una persona, sí.

¿Es necesario mejorar la cárcel de San Rafael?


Es necesario que nos adecuemos a lo que establecen las normas internacionales respecto a infraestructura, seguridad, capacitación del personal… siempre es necesario. Este es un edificio que no fue preparado para ser una cárcel, se fue transformando con el tiempo en una cárcel, pero su estructura de base es la de una casa. Se le han hecho arreglos y demás, pero es una vieja casona de un hombre que se llamaba Luis Videla Barrionuevo. Nosotros estamos ahí desde 1938.

La población ha ido creciendo a pasos agigantados, el crimen ha ido creciendo a pasos agigantados y la capacidad, la infraestructura siempre ha sido la misma.

¿Cómo es la formación del personal?

Desde hace años, el director del Servicio Penitenciario, prefecto Eduardo Orellana, ha trabajado en la profesionalización de su recurso humano. Esta profesionalización que se fijó, se materializó con la creación del Instituto de Formación Penitenciaria, un lugar donde se capacita al personal penitenciario. Desde marzo de 2017 funciona la delegación zona Sur de la institución y me nombraron a mí a cargo. Esa formación, la podemos dividir en tres grandes grupos: Al personal penitenciario que está en actividad con cursos de perfeccionamiento, por ejemplo, con cursos de traslado de internos, primeros auxilios, lucha contra el narcotráfico, requisa penitenciaria; el segundo es para el personal que va a ingresar (aspirantes a agentes penitenciarios), donde el último curso duró unos diez meses más o menos y se abordaron temas como Derechos Humanos, práctica penitenciaria, ética y moral; y el tercer eje, es la formación para oficiales, para ingresar como oficiales al Servicio Penitenciario. Tenemos un convenio con el Instituto Universitario de Seguridad Pública y el Servicio Penitenciario que brindó la posibilidad de que la Tecnicatura Universitaria en Seguridad Penitenciaria se dicte en el Instituto de Formación Penitenciaria, lo que sirve para conservar el sentido de pertenencia, para que el personal penitenciario sea formado por penitenciarios, entes no pasaba eso.

Esa capacitación aborda desde problemáticas sociales hasta la práctica muy fina en temas penitenciarios.

¿Hay alguna materia ligada a la psicología?


Sí, tenemos Procesos Psicológicos en primer año. Aborda la concepción desde los inicios del ser humano como persona y desencadena en segundo año en cuestiones más finas como patologías antisociales y esas cosas.

Por otra parte, se estudia mucho el marco normativo y hay muchas horas de práctica y de actividad física. Los cadetes tienen defensa personal y actividad física adaptada.

No es que vayan a pelearse, pero eventualmente deben estar preparados.

Es la seguridad penitenciaria concebida desde la seguridad y desde el tratamiento. En la parte de seguridad, trabajamos la prevención, tratamos de que no se produzcan conflictos y en caso de producirse, tenemos grupos especializados que van a resolver esas situaciones.

El licenciado Rojas es acompañado en la formación de los cadetes de primer año por el oficial adjutor principal Javier Peñalver y en los de segundo por oficial adjutor Ricardo Bellido. Ambos se muestran muy conformes y gratos con la realización de este trabajo, sobre todo de saber que de ellos depende la buena formación de los penitenciarios que están cursando la carrera por estos días.