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viernes, 6 de mayo de 2022

María Mandel también existió




A lo largo de la historia, nos encontramos con el nombre de santos y santas, de emblemas de la paz y por supuesto, de los más grandes tiranos, sin distinción de países, razas o religiones. En un mundo machista bien podría ser el diablo una mujer, pero se vuelve complejo decirlo en voz alta sin que alguien se ofenda. Pero las pruebas están: con casi medio millón de muertos bajo sus pies, María Mandel fue una mujer que –lamentablemente– existió.


María Mandel nació el 10 de enero de 1912 en Cracovia, Polonia. Fue una guardia femenina de las SS nazis con alto rango en el campo de exterminio de Auschwitz. Fue la responsable de la muerte de aproximadamente 500.000 mujeres civiles, entre ellas judías, gitanas y prisioneras políticas.

Fue ejecutada por crímenes contra la humanidad el 24 de enero de 1948. El mal no tiene sexo, no tiene género, no dice “ellos”, “ellas” ni “elles”.

Si bien todos los días nos vemos en la penosa obligación de contar casos de terribles femicidios, o de horribles situaciones que derivan en mujeres severamente dañadas, heridas, lastimadas, eso también ha servido para que muchos hombres sean tildados de “criminales” antes de que tengan la posibilidad de hablar.

Argentina no tiene un Poder Judicial, más bien “padece” de un Poder Judicial que en los sueldos de sus funcionarios está absolutamente sobrevaluado, si se lo pone a la par de los resultados obtenidos por sus fallos. Cuando alguien dice que cree o que confía en la Justicia argentina, parece más bien una frase hecha y dicha convenientemente que una realidad taxativa. Lo único taxativo parece ser que hasta la justicia divina se presta para cuestionamientos.

Sí señor, sí señora, en un país que tiene “buena gente” pero que a veces parece esconderse, son miles las mujeres víctimas de violencia de género, y sin dudas más que los hombres que mueren a manos del “sexo débil”. No obstante, muchas mujeres aprovechan su condición de tal para alejar a los niños de sus padres por razones personales, sintiéndose más dueñas que madres de los pequeños. Culpa de esos “machos” violentos, femicidas, verdaderos criminales, un enorme número de hombres terminaron siendo rehenes de un sistema que parece no entender de medias tintas: “por las dudas, son todos malos”. Hablar de “violencia de género” en Argentina, terminó siendo tan común como hablar de manifestaciones en Buenos Aires o de narcotráfico en Rosario. Esa pérdida de seriedad sobre algo tan serio, perjudicó a muchas mujeres pues no se les da la importancia merecida, y perjudicó a muchos hombres que se convierten en culpables presuntos, que algún fiscal podría detener en caso de verlos hacer algo tan criminal como toser delante de un grupo femenino.

Por Max Belaeff