viernes, 31 de mayo de 2019

Nicolás Solano: Un artesano detrás de la cerveza

Nicolás es sommelier y sabe de vinos, pero más aún sabe de cerveza, por lo que desde hace años posee su emprendimiento de fabricación de cerveza artesanal, bajo la marca Sunas, la cual se distribuye no sólo en San Rafael, sino también en otros puntos de la provincia y el país. 


¿Desde hace cuánto que arrancó la marca?

Comenzamos en el 2009 como un proyecto personal, para consumo interno. En ese momento sabíamos la diferencia entre un “vino casero”, un “vino comercial”, pero de cerveza no teníamos muchas opciones. Con mi señora, pensábamos como nombre “sería sentir el auténtico sabor”, “el sabor natural de la cerveza”… y ahí dijimos “Sentir un auténtico sabor”, creamos la sigla “Sunas” y salió al mercado.

¿O sea que primero hicieron fue vino? Lo primero que hicimos fue vino para nosotros y después dijimos “ya probamos de hacer vino cacero, probemos de hacer cerveza. Probamos para nosotros y hubo un familiar que me dijo “muy buena, te compro toda la producción”. Ahí la “lamparita” nos indicó que quizás había una oportunidad de hacer algo nuevo, de emprender algo diferente y comenzamos diseñando la marca, etiquetas y de a poquito, para amigos, familiares y conocidos empezamos a salir al mercado.

¿Cómo se prepara?
Los insumos que se utilizan son malta (cebada malteada), lúpulo, agua y levadura (eso es como parte de la “ley de la pureza alemana”, que es lo que se usó siempre).

La malta se compra a distribuidores nacionales o se trae importada y pasa por un proceso de macerado por agua a cierta temperatura, donde se realiza toda la extracción de almidones que luego, en un hervido posterior, se transforma en azúcares fermentables y ahí con levaduras, se agregan los lúpulos que son los que le dan tanta nobleza y tanta personalidad a la cerveza (amargor, sabor, aromas), y pasa a un proceso fermentativo que se regula con temperatura, luego un proceso de maduración y en aproximadamente un mes tenemos el producto en el mercado, con todas las normas de calidad posibles que vamos aplicando de forma constante.

¿Cómo lograste el sabor que alcanzaste desde que empezaste a la actualidad?
Yo soy sommelier. Trabajé durante 12 años en una importante bodega del medio y este emprendimiento era “de fin de semana”, me abocaba solamente los sábados. Hace aproximadamente un año, se me fueron de las manos las ventas y elegimos crear nuestro propio camino, por lo que renuncié y me aboqué 100% a esto. Ahí hubo un proceso de buscar el equilibrio de lo que yo quería: tenía muy claro a qué sabores quería llegar en cada tipo de cerveza, conociendo bien al consumidor. Y ahí empezamos a probar con maltas importadas que tienen una calidad fantástica, con lúpulos que empezaron a ingresar al mercado y así fuimos generando que ya en el verano pasado me sentía totalmente cómodo con los perfiles que quería lograr. 


¿Trabajás solo?
Trabajo solo. Elaboramos aproximadamente –en temporada alta– 4 mil litros mensuales y en temporada baja, un poco menos porque hay baja estacional. En el verano fue bastante alta, se trabajó muy bien.

¿De qué volumen son las botellas?

Elaboramos en botellas de vidrio de 500 centímetros cúbicos que se compran a un proveedor nacional. También para bares tenemos barriles de 50 y 20 litros.

Trabajamos en alianza con un distribuidor local que es Mendoza Drink que se encarga de la distribución para San Rafael, Mendoza, General Alvear y Malargüe; tenemos un distribuidor más en Buenos Aires.

De esa manera, yo me dedico a elaborar, a sacar el producto y otra persona que sabe cuál es mi objetivo lo lleva a cualquier punto del país. Pasa que no se pueden hacer dos cosas a medias (producir y vender).

¿Eras de tomar cerveza antes de esto?

¡Muchísima! (Risas) Pero no artesanal. Recién a los 2 o 3 años de elaboración, que hacíamos 300 litros mensuales, me propuse empezar a consumir otras marcas para encontrar diferencias. En el vino ya sabía diferenciar entre un malbec y un cabernet, pero en los lúpulos de la cerveza (que es la esencia del aroma) me parecía algo totalmente imposible y ahí empecé a probar, a tomar cerveza artesanal en buenas dosis y ahora creo estar casi a la altura del vino como para identificar un lúpulo, una malta… pero fue un sacrificio personal.

Imagino que contás con gran apoyo de familiares y seres queridos, ¿no?

¡Total! Desde el minuto cero, me decía “está buena”, “está fea”, “vendeme”, “prefiero una marca industrial”. Siempre escuché todo y al día de hoy los tengo casi cautivos de que tomen mi cerveza.

¿Te gustaría que algún día “Sunas” fuera una marca industrial? No, mi objetivo es tener una muy buena marca en el mercado, con muy buena calidad y sin ningún tipo de conservantes ni nada que me haga parecerme a un sabor neutro industrial, porque “comercial” somos todos. Esa sería la diferencia entre lo “artesanal” y lo “industrial”. No tengo un límite de cantidad, si el día de mañana pudiera vender miles de millones, los vendería, no nos vamos a engañar. A mí me interesa vender algo bueno, pero no quiero, limitarme de forma fundamentalista a decir “para que sea bueno son nada más que mil litros mensuales y nada más”.