domingo, 24 de noviembre de 2019

Ejemplo de vida y perseverancia: Pablo Manuel Arrula

Cualquier día que caminemos por las calles de San Rafael, podremos encontrarnos con Pablo Manuel Arrula haciendo girar lentamente las ruedas de su silla mientras vende alfajores. 


Se trata de un joven de años, amante de los perros y del adiestramiento de estos, que incluso sueña con convertirse algún día él mismo en un gran adiestrador. Mientras tanto, trabaja dejando de lado cualquier discapacidad, siendo un ejemplo para mucha gente que pasa a su lado. 

Pablo tiene parálisis cerebral a nivel motriz de nacimiento, lo que le impide caminar y posee también algunos problemas en el habla. Sin embargo, se expresa bien, posee estudios secundarios completos y desde siempre, trabaja. Logró también hacer un año de boxeo tailandés. “Yo llevo la vida de un chico ‘normal’. Hay que saber llevarlo esto, porque si no sabés llevarlo ‘estás al horno’, tanto en lo físico como en lo psíquico. Tengo 15 cirugías: la primera fue a nivel ocular; tuve cirugía para enderezar mi cuerpo porque yo estaba prácticamente ‘enroscado’ y me estiraron colocando yesos casi hasta la cintura durante 35 días y después rehabilitación; hice equinoterapia, natación”, dijo y agregó: “Si no sabés llevar y comerte que tenés este problema, no podés seguir”.

Se muestra muy agradecido de aquellas personas que lo han acompañado en los momentos duros que le ha tocado pasar, como su padre –con quien convive– Oscar Arrula o amigos, entre ellos varios que conoció en la “barra” del Club Huracán de San Rafael, “allí, uno de ellos me enseñó que si se quiere algo en la vida, hay que ir a buscarlo”, destaca. Aclara que si bien ya no va a los partidos, le quedan buenas personas alrededor. 


Día a día, Pablo sale temprano a las calles a vender alfajores en su silla de ruedas. Tras terminar sus estudios secundarios decidió ponerse a trabajar con honestidad y remarca que actualmente no acepta ningún tipo de beneficencia. “No quiero que la gente hable cosas que no son, yo no mendigo, yo trabajo”, expresa.

Algo que Pablo considera una pasión que le nació siendo muy chico, fue el mundo de los perros y el adiestramiento canino y se muestra muy agradecido a quienes le han mostrado ese mundo. Teniendo alrededor de 8 años, su padre le mostró un libro donde figuraban todas las razas caninas, lo cual le llamó mucho la atención y a partir de allí comenzó a investigar al respecto hasta llegar a una verdadera escuela de esa materia. “Tengo el placer y el privilegio de ser alumno de adiestramiento en la escuela de Damián Castet”, destaca. Hace hincapié en que Damián fue quien le abrió las puertas al mundo canino y hoy puede hacer lo que le gusta y lo que siempre soñó. “Yo salí de la secundaria con el objetivo de estar con un chaleco de adiestramiento en un campo de adiestramiento y con una correa en la mano. Eso es lo que soy, así estoy forjado”, asegura.

Posee un perro de raza Rhodesian Ridgeback llamado Jack que el mes próximo cumplirá 3 años. Lo describe como un perro musculoso, de pelo corto, de alrededor de 42 kilos, pecho ancho. Se trata de una raza sudafricana, apta para safaris y cazar leones, jabalíes, jaguares, etcétera. Una de sus características es una cresta de pelo que posee a lo largo de su columna vertebral.

La gente como Pablo, debe servir de ejemplo a aquellos que sienten que pierden las fuerzas, o que no pueden salir adelante de situaciones complejas. Sin mendigar, luchando contra cada impedimento y dejándose guiar por un sueño a fuerza de trabajo y perseverancia, lucha por ser feliz.