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miércoles, 19 de octubre de 2022

“Cacho” Mendoza: un guitarrista de gran calidad que “puntea” desde hace más de medio siglo




José “Chacho” Mendoza es un artista que vive en su “querido San Rafael”, y que desde hace más de 50 años toca la guitarra, siendo en la actualidad un verdadero referente de ese instrumento. 


Habiendo pasado por diferentes grupos, entre los que se destacó “Lavanda”, es toda una figura que no deja las cuerdas de lado.

¿Cómo empezó con la música?

Siendo muy chico con una guitarrita de juguete. Tocaba canciones punteaditas, porque tenía cuatro cuerditas que sonaban muy parecido a lo que se escuchaba en la radio (por decir algo). Era todo instrumental y tocaba un pedacito de cada tema.

Decíamos que íbamos a hacer un conjunto con los chicos del barrio, ya le habíamos puesto nombre y todo, pero no sabíamos tocar (risas). Así empecé, de chico, y después mi hermano tenía una guitarra, la tocaba yo y empezaba a sacar notas, acordes, algún punteíto.




¿Cómo lo veía su familia?

Decían “¡cómo le gusta la música a Cachito! Se pone los ratos largos ahí solito jugando con la guitarrita”, pero no sabían que de verdad estaba aprendiendo a tocar la guitarra. Fue hasta los 15 años, porque con esa edad ya entré en un conjunto a tocar.

¿Tuvo algún docente?

Profesor directo no, indirecto sí, porque tenía un amigo guitarrista que se llama Hugo Figueroa. Yo no tenía libros para estudiar, y él era maestro de guitarra así que me decía “Cachito, venite para la casa”, así que fui ahí y me dejaba que le atendiera los alumnos (risas). Así conocí algunas cosas de lo que es el solfeo, algunas cositas del método Carulli que es lo que vi en ese momento. Pero de ahí me despegué porque era mucho más rápido que mi oído musical, me llevaba a una velocidad espantosa, era como que tenía que volver a los libritos, me daba mucha impotencia porque iba muy lerdo. No tuve paciencia, pero tendría que haber seguido ahí. Pero lo hice de la otra manera, más por la forma intuitiva, “de oído”.

¿De qué bandas formó parte?

La primera de la que participé a los 15 años, se llamaba “Los relámpagos”. Sonaba muy lindo, muy agradable, cantaba un chico que se llamaba Roberto Guillén y le decían “Sandro” porque cantaba muy parecido a Sandro (Roberto Sánchez), charlaba muy lindo con el público, tenía una pegada muy linda; el batería era Egidio Nimis que era mecánico de motos; Oscar Domínguez tocaba el bajo, trabajaba en la TAC; Hugo Ángel Quevedo, vendía masitas y hacía trabajos de yeso en las casas; y yo en guitarra.




¿Y después?

Con ese conjunto nos despegamos porque los más grandes se abrieron, eran todos muchachos más grandes que yo principalmente. Entonces formamos “Los cuatro halcones” y tocábamos temas de aquella época. Había un grupo muy conocido, y después tuve una linda amistad con todos ellos, que se llamaba “Los cuatro planetas”, de Mendoza. Sacábamos temas de sus discos y sonaba muy parecido, así que íbamos por buen camino. Tocábamos temas de “Los Iracundos” instrumentales. Mi amigo Hugo Ángel Quevedo después se llamó “Lucio Vedró”, grabó dos temas nuestros, que los cantábamos en el conjunto.

¿Él se hizo llamar así?

Cuando se fue a Buenos Aires se puso ese nombre. Cantaba muy bajito, finito, porque en ese tiempo estaba muy de moda “Cano y Los Bulldogs”, “Los Gatos” (con Litto Nebbia) y él cantaba sus temas porque tenía la voz muy finita y alta, así que los hacía casi igual, muy bonito. Pero en Buenos Aires hizo todo lo contrario: le dijeron que les hacía falta una voz grave, y preparó su garganta con una maestra de canto. En ese tiempo había salido Nicola Di Bari y estaban teniendo mucho éxito con ese cantante, así que querían tener un cantante con la voz ronca, y él logró grabar con la voz ronca.




¿Usted qué géneros ha tocado?

De todos toqué, pero sin dedicarme a algún género en específico, como tango, folclore, jazz o boleros. Tocaba algo de tango, algo de folclore, un poquito de boleros… por lo general hacíamos música popular bailable y entre medio de eso, hacíamos algunos temitas instrumentales, ya que en aquella época se estilaba mucho, le gustaba mucho a la gente escuchar ese tipo de música, principalmente un tango instrumental, una milonga instrumental, eso llamaba la atención, gustaba mucho. Así que hacíamos música popular bailable, y también música popular bailable instrumental.

¿Qué bandas siguieron?

Después estuve en “Los Disconautas”, porque un guitarrista que los integraba, Ariel Bayona (fallecido hace poco tiempo), se fue a Buenos Aires y me pidió que me hiciera cargo. Ya se había desarmado el conjuntito de “Los cuatro halcones”, porque tuvimos que separarlos ya que había uno se fue a Córdoba, otro a Buenos Aires, un baterista que teníamos, Arturito Córdoba tuvo un accidente muy feo en Rama Caída y falleció, por lo que fue todo muy grave para mí y dejé de tocar. Pero me llamaron “Los Disconautas” que eran muy conocidos en San Rafael, sonaban muy bien, estuve con ellos mucho tiempo porque después quedamos a trío, con Alberto "Funyito" Ogas, Mario Martínez y yo. Tocamos muchos años, hasta que me tocó la “colimba” a mí, salí de la colimba y cuando volví entró el baterista a la “colimba”... ¡qué mala suerte! A partir de ahí toqué con “Los Shaguis”, un grupo popular de música bailable. Un amigo mío, muy conocido en San Rafael, Ronal Ordóñez Portillo que por ese tiempo trabajaba en el banco de Previsión Social como secretario, me hizo unos afiches y puso “Cacho Mendoza y sus Gatos negros”, y actué dos años con ese nombre. Yo ya le había puesto “Lavanda”, pero salía a tocar como “Cacho Mendoza y sus Gatos negros” para cumplir con mi amigo. Pero el 10 de octubre de 1990 arrancó “Lavanda”.




¿Ahí se sumó Jhonny Golano?

Jhonny cantaba conmigo en “Los Shaguis”, aunque esa fue una banda que tuvo varios cantantes: Raúl Escalante, Antonio Fernández, Tito Agüero… de ahí estaba Jhonny.

Después, en una oportunidad me fui a Mar del Plata, regresé a los dos años y acá habían formado un grupo que se llamaba “Eureka”, que lo formó Héctor Miguel “Pirincho” Cabañas, que tuvo un final feo con la pandemia en Estados Unidos.

Me dieron una sorpresa porque me dijeron que habían formado un grupo y cuando llegué de Mar del Plata a San Rafael, me dijeron que tocaban el fin de semana y yo dije “¡qué lindo!”, a lo que me respondieron “¡sí, pero llevate la guitarra porque sos integrante con la primera viola!” (Risas).

Después nos separamos, seguí con Lavanda e hice otro tipo de música, que más bien cantaba con mis alumnas, chicas jovencitas y hubo una pegada genial con ese grupo.

Después lo fui a buscar a Jhonny para que cantara conmigo un fin de semana en Valle Grande y como reaccionó muy bien, continuamos. Era bueno porque usábamos pista, lo cual era más fácil porque armar una banda es complicado, es difícil para ensayar, después uno no viene, el otro no puede tocar el sábado, así que ahí empezamos con las pistas.

¿Usted compone?


Tengo algunos temas propios, pero no los publiqué ni los hice escuchar, pero tengo algunos temas buenos.

Hay un disco que grabé con Lavanda, que tiene temas míos, algunas de Quico Lorenti y una o dos de Ronal Ordóñez Portillo. Son temas populares.

Y después tengo algunos temas instrumentales, un gato cuyano mío, hay varias cositas.




Si tuviera que decir “admiro a un músico”, ¿a quién nombraría?

Yo soy admirador de varios músicos, de muchos, incluso algunos de San Rafael. Acá había un guitarrista que se llamaba Oscar Lucero, un gran guitarrista, era mi ídolo, aparte era de mi barrio, era un malabarista con la guitarra; y nacionales, Horacio Malvicino que era guitarrista y después fue maestro de orquesta; Juanjo Domínguez, tuve la suerte de conocer a ese maestro; Eduardo Falú; Atahualpa Yupanqui; y después otros como Luis Salinas, Walter Giardino (guitarrista de Rata Blanca), que pasaron los umbrales del espacio. Y extranjeros también, porque me gusta el sonido que esos guitarristas le sacan a sus guitarras electrónicas, que es distinto. Eric Clapton, Mark Knopfler, muchos de ellos… Hay una variedad que son asombrosos, con técnicas muy atractivas. Hacen maravillas.

¿Cómo se compone su familia?

Mi señora Graciela y mi hija Juliana, más allá de mi hermano, sobrinos…

¿Con quién toca actualmente?

Toco con Fedra Orozco. Está conmigo, es la cantante y estamos juntos. La conozco de chica porque a su papá le gustaba cantar y era animador, locutor de las orquestas en aquellos tiempos. Ahora es una es una señora hecha y derecha que toca conmigo en buena hora, porque es una excelente chica, muy educada, sencilla, canta bien.