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sábado, 28 de marzo de 2020

Ricardo Cortez: “Darles clases a adultos es lo más satisfactorio que puede haber”

Hace más de 20 años, el sanrafaelino Ricardo Cortez se dedica a la Docencia, teniendo especial afecto por aquella que se brinda en centros de educación básica para jóvenes y adultos (Cebja) y en los centros educativos de nivel secundario (CENS). Es el actual director del Cebja 3-015 Teniente Primero Ibáñez. 


¿Por qué decidió iniciarse en la docencia?

Sentí la vocación desde siempre, era uno de mis juegos de la infancia, así que me decidí a estudiar y es lo mío.

Puntualmente, ¿qué estudió?
Soy profesor para la Enseñanza Primaria, eso es “maestro de grado”, pero el título dice “Profesor para la Enseñanza Primaria”.

¿Cómo empezó y cómo fue su trayectoria?
Empecé trabajando en primaria común con niños. Trabajé en San Rafael durante unos 6 años haciendo suplencias, yendo de escuela en escuela en bicicleta, hasta que me fui a vivir a Mendoza buscando mejores oportunidades laborales, siempre dentro de la docencia. En ese entonces teníamos bonos de puntaje, en Mendoza me dieron el bono de la regional Norte y empecé a trabajar mejor.

¿Cómo se dio el regreso a San Rafael?
Hace 2 años, después de estudiar y rendir el concurso para la jerarquía directiva. El puntaje que obtuve, me permitió obtener este cargo en la dirección de esta escuela (Teniente Primero Ibáñez).

¿Cómo es darles clases a personas adultas?
Darle clases a adultos, es lo más satisfactorio que puede haber. Yo lo descubrí hace muchos años haciendo una suplencia en un Cebja: el resultado que uno ve al lograr que los alumnos aprendan lo más mínimo que uno les pueda enseñar, es inmediato. El logro que ellos tienen al modificar sus vidas, se ve en el momento y además, te lo cuentan. Mejoran en el trabajo, en la comunicación –incluso con sus familias–, y eso es muy positivo para la gente que quizás no tuvo la oportunidad de completar sus estudios en tiempo y forma. La gente que viene a los centros de jóvenes y adultos son personas que a lo mejor, cuando eran niños o jóvenes, las circunstancias de la vida los llevó a tener que abandonar la escuela y a lo mejor, después de 20 o 30 años, logran volver a incorporarse al sistema y eso es muy satisfactorio, la oportunidad que ellos buscan y que nosotros, los docentes, les podemos dar.

Hay una suerte de “satisfacción recíproca”.
Es mutuo porque ellos se sienten muy conformes de aprender cosas de la vida, cosas que les hacen falta en el día a día; y obviamente, nosotros al verlos superarse… es fantástico.
Es muy gratificante ver a una persona que de no saber leer ni escribir, termina la secundaria.

Es fantástico y los aprendizajes son muy rápidos, porque generalmente los adultos que concurren a la escuela vienen motivados para aprender, vienen con ganas, entonces “absorben como una esponja”, aprenden rápido y están ansiosos por aprender más.

¿Se genera una relación de amistad?
Sí, muchas veces la gente adulta –y los jóvenes también– se dan cuenta que en nosotros tienen algo más que “un profe”, sino que somos alguien que los apoya, alguien que los acompaña y eso para ellos es muy significativo. Ellos buscan que los escuchen, vienen con toda su historia de vida y sabemos de historias de vida bastante complejas, que justamente los han alejado del sistema educativo.

¿Cómo se compone su familia y cómo toman ellos su trabajo?
Mi familia son mis papás, un hermano (casado), yo soy soltero. Para ellos es muy satisfactorio también. Mis papás han visto mis logros a lo largo de mi carrera docente y sé que los llena de satisfacción.

¿Su relación con colegas?
La mejor, la verdad es que esta escuela tiene un equipo docente muy comprometido desde hace muchos años, que conocen mucho la comunidad y son los que me han facilitado el ingreso a la escuela, poder desenvolverme y mantener un clima de trabajo muy positivo, muy lindo.