viernes, 9 de agosto de 2019

Marcelo Piaser, alguien que “habla a través de la fotografía”

Reconocido así por algunos de sus propios colegas, Marcelo Piaser (49) es “un artista” incluso dentro del mundo del fotoperiodismo donde el arte no necesariamente es importante. Es que Marcelo es capaz de retratar imágenes que otras personas no podrían ni siquiera imaginar, es una palabra de tres sílabas que en su caso se retrata en fotos: Talento. 


¿Cómo llegaste al ambiente de la Fotografía?

En este ambiente estoy desde el 91. Iba a la facultad, trabajaba con mi papá y por medio de un amigo conocí a Adamo y empecé ahí los fines de semana para hacerme “una extra”, tener un poco más de dinero. Me gustaba, estaba bueno, empecé con ellos de asistente de fotografía e iluminación para los videos.

Yo algo de idea del manejo de la cámara, tenía. Empecé a pulir un poco los detalles, a meterme en eso, vi que me gustaba y fue así que trabajé para ellos durante cerca de 18 años. Me compré equipos y al tener esa cantidad de tiempo, tenía mis clientes también, me refiero a clientes de otra rama de la Fotografía, no solamente lo social sino de otro tipo.

Me abrí, empecé a trabajar por mi cuenta y con el tiempo dejé mi otro trabajo y me dediqué full time a esto.

¿Qué otro trabajo tenías?
Vengo de una familia de carpinteros. Me crié en la carpintería, era mi “`patio de juegos” y desde los 16 años, no les pedía plata a mis padres para salir o cosas así, ya que siempre me la rebuscaba con alguna cosa para hacer en la carpintería, reparaciones o algo. Y hasta hace 10 años llevaba las dos tareas en simultáneo, pero llegó un momento en que me tuve que decidir porque no me daba el cuerpo para las dos.

Sigo haciendo algunas cosas en la carpintería, pero más como un hobby o como un “cable a tierra”.

¿Cómo llegaste a Los Andes?
A Los Andes le trabajo desde hace mucho tiempo. En realidad nunca fui empleado del diario, sino que cuando los fotógrafos que tenían se iban de vacaciones o si necesitaba una mano uno de ellos, sabían que yo era “freelance”, por lo que me llamaban y me siguen llamando. Ellos me llaman y me dicen “hubo un accidente, necesitamos fotos”, por ejemplo la tragedia de la Cuesta de los terneros. Yo me enteré por Los Andes que me convocó dado que no encontraban a su fotógrafo, estaba sin señal. Si bien no fueron las mismas fotos, trabajé en simultáneo para dos medios.

En Sitio Andino, si bien soy externo al diario, trabajo desde el 2012. Si bien cada uno tiene su impronta, yo mantengo la línea que quiere el diario.


¿Cómo se hace para “hablar a través de la fotografía”?
Con la fotografía podés decir muchas cosas. Los medio han cambiado mucho, pero la fotografía en una nota te tiene que contar lo que dice el título y a veces, más que eso. Las imágenes marcan mucho en una nota o en un evento social, te puede contar muchas cosas, pero hay que saberlas contar.

¿Cómo hiciste para aprender a contarlas, fue práctica?

Sacar fotos, saca cualquiera, lo importante es saber narrar una historia a través de las fotos. Las Sociales fueron mi inicio y es en lo que trabajo desde hace mucho más tiempo. Tenés que contar la historia: si es una boda, tenés que contar la historia de los novios. Para eso, tenés que conocerlos, no es presentarte y empezar a hacer fotos. La fotografía social tiene mucho que ver con la personalidad, tanto del retratado como del fotógrafo. Es muy importante conocer a la gente que vas a fotografiar.

He tenido la suerte de tener clientes a los que comencé sacándole las fotos de los 15 a la hija; esa hija se casó y le saqué las fotos del casamiento; y a su familia le hago las fotos de la familia y me los encuentro en el colegio (porque esa es otra de mis tareas). Hace 7 años me convocaron desde el Colegio de los Hermano Maristas porque necesitaban un fotógrafo y debido a las circunstancias del mundo –que está cambiando– necesitaban de alguien que más allá de sacar las fotos, reguardara la privacidad de las familias también, porque más allá de haber actos en las escuelas y de que va mucha gente, vos con las fotos podés producir o muchas alegrías o mucho daño (en relación a qué hacer con las fotos).

Empecé a trabajar con ese colegio y de a poco fui logrando profesionalizar un poco el rubro de las fotografías escolares y darle una vuelta de rosca para hacer algo un poquito más allá. Todos los papás tienen un teléfono o una cámara, pero a veces se requiere algo más: el ojo de un fotógrafo. Logré que los papás me dijeran “prefiero disfrutar del acto y no estar pendiente de la foto”.

¿Y la prensa?
Me costó, no es fácil trabajar para un medio grande dado que son exigentes, conocen, a veces los jefes de Fotografía son muy estrictos, entonces cuesta encontrar una foto representativa para una nota… y más para medios provinciales.

¿Hiciste cursos?
Sí, talleres, cursos que se dictaron en los 90.

¿Aprendiste a revelar?
Aprendí a revelar con Alfio Araujo, éramos colegas y amigos de la vida, porque lo conocí a través de un grupo de amigos. Con él hice un curso de fotografía en blanco y negro –que era mi materia pendiente– y ahí aprendí. Si bien no fue muy extendido el curso –duró 8 meses– aprendí mucho de fotografía, aprendiendo a revelar, con ese misticismo que tiene el cuarto oscuro y que es muy interesante. 


¿Hacés Fotografía artística también?
No, hay muchos ítems para cubrir. La fotografía de paisajes en una época me gustaba mucho, tengo armada la muestra y nunca la colgué. Todo lo que es paisajes me llama la atención, está bueno, pero cuando llevás la cámara colgada todo el día, el fin de semana –o el domingo– la dejás y decís “quiero descansar”. Pero me gusta ese tipo de artística. También hago fotos de productos.
En una ciudad como esta tenés que ser multifacético en relación a la Fotografía, tocando un poco de todo.

¿Tenés algún fotógrafo que admires o que sea referente?
En lo que es paisajes, Ansel Adams me llama mucho la atención, es muy groso.

Hoy uno lee mucho, e Instagram te abre mucho la cabeza de posibilidades para decir “esto me gusta y esto no”. Hay muchas inclinaciones, tendencias, pero también tenés que ver que lo que estuvo de moda en una época, hoy pasó y cuando lo ves, en mucho tiempo, descubrís que si bien fue muy bonito en su momento, ya es muy ridículo o no es lo que yo quisiera plasmar en una imagen que voy a guardar toda la vida.

Tenés tu forma.
Trato de ser conservador con las imágenes en la forma de hacer la foto, no soy de los que marcan un estilo moderno. Tengo mi forma, trato de ser lo más natural posible. 


¿Sacas fotos a tu familia también?
Mi esposa me conoció ya trabajando en esto y muchas veces me ayudó, salía como asistente mía y como que entre ella y mi hija me sacan esa tarea (risas). Me gusta, lo hago y más en la actualidad con los teléfonos que dejan la cámara más a la mano.

¿Cuál fue tu primera cámara?
Es una cámara marca Beirette que conocí rota y que todavía tengo. Es vieja, de los 60 y que recibí en el año 81. Tenía 12 años cuando mi mamá me la dio. Le ponías el royo y la cámara tiene un perno que lo sujeta. A veces quedaba embragado, entonces parecía que pasaba el fotograma pero no lo hacía. Y así y todo, medio la repararon, la logré hacer andar y con 12 años me fui de viaje de fin de curso y la usé.
Después mis padres compraron una Canon profesional. Esa la usaba menos pero empecé a aprender. No la usaba mucho porque era una especie de “tabú”, ya que había que tenerla, tener el royo, mandarlo a revelar… era otra la mística. Hoy está muy incorporado el llegar y sacarse fotos, antes era una “ceremonia” hacerlo y por eso están todos de frente, mirando a la cámara, y que nadie pestañara, ¡un disparo y listo! Y hasta que no la revelabas, no la veías. 


Yo cuando empecé a hacer las prácticas todavía era con película, yo tenía que llevar una agenda, anotar cómo había sacado la foto, si quería modificar algo ver cómo se hacía y empezar a investigar. Además en el royo –más grande y más– caro había 36 fotos y no había más para jugar. Y después, se tenía que esperar una semana porque eso era lo que demoraba en ir y volver el royo para ver qué había salido.

Todo eso te formaba la cabeza de una manera que hoy en día, no es la misma. Asimismo, se han visto cosas muy interesantes en relación a la fotografía. Hay fotógrafos que han sorbresalido en muy poco tiempo porque han incorporado nuevas tendencias y nuevas cosas porque no aprendieron Fotografía, sino que aprendieron a inventar y al tenerlo tan rápido y a la mano, encontraron otras cosas.