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viernes, 28 de enero de 2022

Con 13 años Nehemías Gallo es un verdadero profesional de la peluquería




Siguiendo los pasos de su padre, de su madre y hermanos, a los nueve años Nehemías tomó una tijera por primera vez para cortar el pelo, llevar a cabo peinados y demás trabajos coiffeur. En la actualidad trabaja intensamente en la peluquería de sus padres y sueña con seguir desarrollando esa actividad incluso después de terminados sus estudios secundarios.


Nemías es hijo de Walter Gallo y de Graciela Noemí Campos, emblemas de la peluquería que obtuvieron los primeros premios en varios campeonatos nacionales. Walter incluso, es jurado en ese tipo de certámenes. Su hermano Marcos también es un referente de esta labor tan cercana al arte, que desarrolla su trabajo en la ciudad de Mendoza y se ha quedado con campeonatos nacionales e internacionales.

Nehemías, ¿cuándo y cómo empezó tu gusto por la peluquería?

A los nueve años empecé y me gustó. Me enseñó mi papá Walter Gallo, mi mamá y mis hermanos. Empecé yo mismo y me largué a la peluquería.

¿A quiénes les cortás el pelo, gente de todas las edades?

A clientes de cualquier edad que vienen y les gusta cómo corto.

¿Soñás con dedicarte a esto en el futuro?


Sí, es mi gusto, trabajar en la peluquería. Y si se me da la oportunidad de armar mi peluquería, lo haré.

¿Vas a la escuela?

Sí, voy a la escuela Normal.

¿Cómo te llevas con tus compañeros, les cortás el pelo?


Bien, me llevo muy bien. Vienen a cortarse y quieren que les corte yo, no se dejan tocar por otro (risas).

¿Y después, pensás seguir haciendo cursos?

Sí, me gustaría aprender más todavía, seguir y crecer en la peluquería.

¿Tenés peluqueros a los que admires?


Sí, admiro a mi hermano Marcos que vive en Mendoza, tiene una peluquería allá; también a otro hermano, Miqueas Gallo, que tiene 11 años y corta, peina y se dedica a la peluquería.

¿Qué te ha enseñado tu papá?


Mi papá, Walter Gallo, me enseñó a cortar, a peinar; mi mamá, Graciela Noemí Campos, me enseñó muchas cosas también, a peinar y a cortar también, me enseñaron detalles de la peluquería. Pero todavía me falta practicar.

¿Qué es lo que más te gusta hacer?


Me gusta mucho hablar con los clientes, atenderlos, es lo principal, hacer lo que necesiten ellos.

¿Te gustaría participar en concursos como tu hermano o tus papás?


Sí, me encantaría ir a los concursos, a cualquier parte donde haya concursos me gustaría ir.

La palabra del papá

Walter, ¿qué sensación le da ver a su hijo llevando a cabo este trabajo?


Es emocionante ver a los hijos cómo aman esta profesión que es tan especial. Es que siempre que a la peluquería llega un cliente, no viene a buscar un corte, no viene a buscar que le hagas un color, sino que tenemos que estar preparados en colorimetría, tenemos que estar preparados en todo lo que es la tecnología dentro de la ingeniería de la peluquería. El cliente, cuando pasa la puerta de nuestro salón, lo que viene a buscar es una ayuda y solución. Estamos para darle estética, para ayudarle a realzar su imagen, ayudarle a que se sienta aceptado, querido… es una gama muy interesante ser un profesional coiffeur.




Siempre hemos tratado de preparar gente. Yo fui presidente de la Cámara de Peinadores por bastantes años y preparábamos peluqueros, peluqueras, niños, para que ejercieran la profesión. Yo siempre les digo que tienen que estudiar, tienen que avanzar, tienen que prepararse diariamente porque “los errores de un peluquero salen a caminar a la calle”. En medicina, muchas veces los errores se tapan con tierra o con una excusa (“no soportó la anestesia”); a un pintor uno lo llama y si no gustó el color, borra y te da el gusto; nosotros no nos podemos equivocar porque arruinamos una imagen, un rostro. Por eso hay que perfeccionarse continuamente.

Somos jurados a nivel nacional e internacional a través de la Federación Argentina de Peinadores, de la cual todavía soy vocal, hemos competido muchísimo. Casi toda mi familia practica esta profesión, tengo hijos campeones nacionales, Nehemías con tan solo nueve años cortaba y peinaba. A Miqueas, con tan sólo 11 años, le podés entregar una cabeza confiadamente y te va a hacer color, va a trabajar con productos reductores, productos de efectos recapilantes, no tiene problema: cortan y ya lo llevan en la sangre. Eso me da gozo y orgullo de verlos. Tengo una hija de 40 años coiffeur; tengo un hijo de 32 años, Marcos Gallo, con una cadena de peluquerías en Mendoza; Jesús Fernando Gallo, coiffeur también, campeón mendocino en alta fantasía, en cortes para caballero y dama, peinados de novia, madrina… se especializaron bien todos.

Una pregunta trascendental: ¿Quién le corta el pelo a usted?

(Risas). Me cortan ellos, no tenemos problema. No exijo mucho y los dejo a ellos que generen, que creen, eso es la peluquería: creatividad y saber comprender y entender al otro.