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domingo, 4 de abril de 2021

Pobreza: la lógica consecuencia

Pobreza: la lógica consecuencia



Recientemente conocimos los nuevos números de la pobreza de la provincia y nuestro país. Con mucha tristeza y vergüenza, nos enfrentamos a cifras aterradoras en las que confirmamos que la mitad de los argentinos es pobre o ha caído bajo la línea de la indigencia.


Realizando un análisis racional se observa que es una consecuencia lógica. Esta pobreza, que en gran parte es estructural, es producto de innumerables factores históricos, sociales, políticos, económicos y hasta culturales.

A las desacertadas políticas económicas que aplican los sucesivos gobiernos desde el siglo pasado y la conducción errática de nuestros destinos, en 2020, se sumó la realidad de la pandemia y la consecuente cuarentena que arrasó con todo.

Los empresarios, como actores de esta sociedad también nos vimos afectados, en muy diversos grados por las consecuencias de las medidas sanitarias y la realidad económica se vio afectada como nunca había sucedido.

UCIM nunca dejó de plantearlo: frenar la economía iba a tener un costo altísimo y paralizar las actividades solo traería aparejada mayor pobreza.

En este contexto, no podemos dejar de señalar el mal principal, que mina los ingresos de todos los hogares y el normal desarrollo de los negocios: La Inflación , un flagelo que azota impiadosamente a la Argentina. Un fenómeno que tanto por incapacidad para enfrentarlo, como por razones espurias, diversos gobiernos no han podido o querido o sabido solucionar y esto ha dado como resultado la realidad que el país vive: el 50% vive en la pobreza o en la indigencia .

Argentina, la que una vez fue llamado “el Granero del Mundo“, no puede alimentar a miles y miles de nuestros niños quienes necesitan sí o si, durante su primera infancia, el alimento para que su cerebro se nutra y desarrolle normalmente, para que sean personas sanas y capaces de crecer y desarrollarse.

Como un “virus venenoso" la Inflación avanza, destruye todo lo que encuentra a su paso, carcome los cimientos de la sociedad argentina, destruye la economía, envilece todo lo que toca y espanta a cualquier persona que piense en invertir en el país.

El permanente incremento de todos los precios no solo afecta a quienes no tienen empleo sino también a asalariados que cada vez se ven más imposibilitados de sostener a sus familias, a empresarios que no pueden continuar con sus empresas y a toda la sociedad que ve desmejorada permanentemente su calidad de vida.

“El fenómeno adquirió el carácter de “estructural”. Se fue gestando y acumulando año tras año y capa tras capa como consecuencia de políticas irresponsables por parte de todos los gobiernos que se fueron sucediendo en el poder en los últimos ochenta o noventa años. Entre 1880 y 1940 la Argentina se mantuvo entre los diez primeros puestos mundiales en el ránking de ingreso per cápita. Hoy, según estadísticas del FMI, está en el puesto setenta y tres.

Hasta la década de 1940 la inflación fue similar a la del resto del mundo y nunca fue mayor a 10% anual. Hubo años de menos del 5% y algunos de deflación. Pero entonces, comenzó a crecer y a alejarse de los estándares internacionales. La clase dirigente había decidido que la emisión de dinero no era inflacionaria sino “un lubricante útil para la economía”.

Muchos autores consideran que a partir de ahí comenzó la prolongada historia inflacionaria, que todavía hoy, más de 70 años más tarde, padece con intensidad. Pero, la inflación no viene sola, sino que es acompañada por un ejército de pobres, también entre el más alto del mundo como porcentaje de la población total”. (La inflación y la pobreza: dos caras de una misma moneda)

Pero esta realidad debe revertirse. Argentina no puede continuar hundiéndose. Las autoridades deben entender que el Estado y la política no pueden generar riqueza y no deben generar más gastos, pero si tienen la obligación de despejar el camino para que ésta pueda producirse.

Necesitamos un verdadero consenso social; un clima pro empresa que permita su desarrollo y por consiguiente, la generación de empleos formales y bien remunerados;honestidad a la hora de manejar los fondos públicos; verdadera preocupación general de todos por los temas en los que va la vida de los ciudadanos, por solo mencionar alguno de los ítems que de manera urgente se deben abordar. Hacia allí debe mirar la clase política.

La empresa es la única herramienta para generar riqueza, pero depende en gran medida del ecosistema en el que se mueve, dada su posibilidad de generar empleos formales que son los que permiten el efecto derrame en la sociedad y la posibilidad de una movilidad social ascendente.

Sin dudas, el ecosistema empresarial argentino no tiene las más mínimas condiciones para su funcionamiento. No es casual que hayan cerrado decenas de miles de medianas y pequeñas empresas y otras, se hayan ido del país y que se hayan perdido centenares de miles de empleos .

Toda la sociedad espera medidas basadas en el desarrollo de programas económicos que busquen una salida del caos en el que nos encontramos. Un gran consenso entre el Gobierno y los diversos partidos políticos -la llamada “oposición“- sería indispensable, un acto histórico en el cual las mezquindades queden de lado y solo se busque el bien común. ¿Seremos capaces de este acto de grandeza?

Debemos dejar de expulsar empresas. Generar condiciones para el crecimiento desde lo privado. Debe darse un giro absoluto que demuestre nuestra intención de ser un país serio hacia adentro y la posibilidad de integrarnos a la comunidad internacional.

Debemos empezar ya.

Fuente: UCIM