jueves, 26 de septiembre de 2019

Stella Aciar: pasión por la Enfermería

Entre los muchos buenos trabajadores de la salud que posee el hospital Schestakow, están aquellos que prestan labores en Enfermería. Stella Aciar (60), quien trabaja en el Servicio de Quemados de ese nosocomio, está entre esas enfermeras más que apasionadas por el trabajo que desarrollan. 


¿Cuándo y por qué llegaste al mundo de la Enfermería?

Llevo 37 años trabajando en Enfermería y puede decirse que la empecé con 12 años, cuando tenía que asistir a mi mamá, quien hacía edemas agudos de pulmón y había que colocarle inyecciones para bajarle la presión arterial y que no se descompensara. Y si no orinaba, tenía que salir corriendo a buscar una ambulancia o un taxi y llevarla al hospital Español o donde estuviera el médico que la atendía.

¿Cómo empezó tu formación profesional?


Trabajaba en la fábrica. Había intentado estudiar Enfermería pero tuve que abandonar porque me enfermé cerca de los finales y después se me hacía muy cuesta arriba terminar en 1978 con todas las materias. Al poco tiempo me quedé embarazada y sola. Después decidí hacer la carrera.

Cuando nació mi hija Vanina, me dieron los títulos: de mamá y el de enfermera.


Imposible calcular cuántos pacientes viste en tantos años, ¿no?
Trabajó en Pediatría, donde a veces tenía cerca de 100 pacientes: teníamos desde lactantes hasta chicos de 13 años... ¡Ni idea! De algunos me acuerdo todavía las caras de sus madres.

¿Siempre en el Schestakow?
No, trabajé dos años en el viejo sanatorio Mitre (que estaba en Buenos Aires y avenida Yrigoyen); con el cierre del Mitre nos pasaron al Español (algunas con antigüedad y todo), a otras las jubilaron. Hicieron recomendaciones: a mí me tomaron porque era joven, madre y con padres ancianos a cargo. Me llevaron allá y era “la más nuevita”. 



¿Cómo llegaste al Schestakow?

Llegué cuando el director era el doctor Dauverné en el año 88. Durante los años que estaba en los demás nosocomios iba gestionando, presentando papeles, pero nunca me nombraban, hasta que después de 5 años, había 16 nombramientos para dar y me enteré gracias a alguien que trabajaba acá y hablé con el doctor Dauverné. Me dijo que hiciera todos los papeles y los llevara.

Me presentó a la jefa de personal y le dijo “uno de los nombramientos que vamos a dar es esta chica, ya que tiene experiencia”.

¿En qué servicios del hospital Schestakow has estado?
Pasé por todos, en algunos estuve algunos meses, en otros un año, pero siempre pertenecí a Pediatría. 




¿Cómo llegaste a Quemados? Me hicieron organizar el servicio porque los doctores Rosso y Biancotti me trajeron con ellos para curar quemados ambulatorios (adultos). Ellos empezaron a hablar con Dauverné en ese tiempo para la creación del servicio. Nos cedió tres habitaciones de las cuales una era consultorio, la otra consultorio y curaciones, y la restante la teníamos como vestuario.

Así empezamos, de a poco.

¿Cómo ves la Salud de Argentina?
Y… nunca fue “floreciente”. En los privados se veía menos porque como las mutuales respondían, o había escasez, pero acá en el hospital muchas veces hemos tenido que “inventar cosas”, como máscaras de oxígeno, narinas, hasta que empezaron a comprar los descartables que aparecían.

Se requería cierta habilidad de ustedes.

Y, éramos artesanas (risas). Lo que no había, se inventaba.

¿Anécdotas?
Las cosas tristes me las olvidé, en su lugar te queda la satisfacción del deber cumplido, pero hay muchas cosas que las borré porque es algo de todos los días, y este trabajo me apasiona hacerlo y me gusta hacerlo bien, dentro de todo lo que pueda. Hay pacientes que vienen y los tememos 6 meses y después vienen a “controlarse” porque están sanos. Es una bendición diría yo, que soy creyente.

¿Qué le dirías a alguien que está por estudiar o que está estudiando Enfermería?
Que se esmere mucho en aprender y que se prenda de las personas que le pueden enseñar. Que lo hagan si les gusta, porque es lindo tener un sueldo, pero es más lindo venir con ganas a trabar.