domingo, 23 de junio de 2019

Un trabajador incansable que sueña con que el país salga adelante

En la esquina de Almafuerte y Coronel Suárez –como en otros puntos de la ciudad– podemos encontrar con frecuencia a Reinaldo Martínez, un vendedor ambulante de frutas y verduras que desde hace alrededor de 30 años se dedica a ese oficio y lucha por salir adelante, con todos los avatares que ofrece la economía de nuestro país. 


Reinaldo, quien nació en 1966 en el contexto de una familia de 14 hermanos, se crió en Agua Escondida y en su adolescencia vino a vivir a San Rafael, donde realizó diversas tareas a lo largo del tiempo, siempre teniendo al trabajo como un estandarte que aún hoy, sostiene incansablemente.
En la actualidad vive en el barrio Constitución donde, afortunadamente para su bolsillo, no debe pagar alquiler. Todos los días se levanta temprano para salir a trabajar, con la esperanza de que el día sea un poco mejor que el anterior, aunque eso es algo que él no puede controlar. Compra su mercadería en Comerco para poder revenderlo más tarde en el centro sanrafaelino, aunque muchas veces con el problema que significa el encontrarse con altos costos, por ejemplo, el de un cajón de tomates a 800 pesos.

Si bien tiene algunos clientes que le compran con frecuencia, no siempre necesitan de las verduras y frutas que tiene para ofrecer. “Por ahí salís con la ilusión de que te va a ir bien y te vas con gusto a poco, pero desgraciadamente tenés que seguir. Yo vivo solo y asimismo me cuesta para mantenerme, para sobrevivir”, dice.

Está separado y tiene cuatro hijos, a los que tuvo que criar en épocas muy complejas de la economía argentina, como finales de los años 90 y durante la crisis del 2001. “Yo nunca jamás tuve un salario. Creo que en los 25 años que estuve casado me dieron dos cajas de mercadería, a mis hijos los crié todo a pulmón, con pobreza total, de no tener ni para comprar una trincha de pan. Igual se criaron los hijos y ahora estoy solo, es como volver a empezar”, recordó este hombre que además de toda esa mala fortuna, debió sufrir tres robos. “Tuve que pasar por mucha pena y sufrimiento. Yo la sigo tirando y la seguiré tirando hasta que Dios diga, es como dice el dicho ‘el que nace para chicharra, muere cantando’”, agregó.

Reinaldo no supone que vaya a haber demasiados cambios –al menos a corto plazo– producto de los partidos políticos. Los funcionarios –en general– no son de su agrado y espera que alguna vez el país se solucione por el bien de todos. No obstante, si ocurre, no cree que pase porque llegue alguien en particular.