sábado, 29 de diciembre de 2018

Profesor Roberto Rosato: Llevar el baile en la sangre

El profesor Roberto Rosato Carrozzo es –como él mismo se describe– “un sanrafaelino de pura cepa”, pero además, es un referente de la cultura, un bailarín extraordinario y así lo podrían afirmar –si fueran capaces de hablar– los escenarios donde dejó sus pasos, o los miles de alumnos que tuvo a lo largo de sus años como docente. 


Ya se está viviendo Vendimia, época de la que Roberto Rosato (84) puede hablar con absoluta autoridad, especialmente si nos referimos a los escenarios, al baile, al arte que se lleva en la sangre y se muestra al público a través de una obra maestra en un espectáculo de luces y buen folklore. Entre otras distinciones, fue nombrado Ciudadano Distinguido, recibió un premio del Centro Italiano, uno del Congreso Nacional y hasta una escuela artística vocacional de Salto de las Rosas lleva su nombre.

¿Cómo es su historial dentro de la danza?
He sido profesor de academias municipales durante 36 años y simultáneamente, 20 años en el Polivalente. Además, soy uno de los fundadores de la Escuela de Folklore con Cristina Vázquez.

El baile es una pasión, ¿no?
Sí… son muchos años, más de 60 años dando clases. 


¿Sería capaz de decir cuántos alumnos tuvo? 
Imposible. En LV4, cuando cumplí 40 años con la danza, calculaba que tuve entre 4 y 5 mil alumnos. Cada año en las academias municipales tenía entre 300 y 400. Hay recuerdos muy lindos de Vendimia, muchas Vendimias. La última que hice fue en el año 2000.

Refiriéndonos a su formación, ¿dónde estudió baile?
Iba a la Escuela Normal, que era una escuela nocturna comercial en ese entonces, y comenzó a dar clases la señora Corina Silva de Rodríguez, la hija de don Julio Silva (el fundador de LV4). Me enganché, empecé a aprender. Nos juntamos un grupo grande de la misma escuela y debuté como bailarín en el Teatro Independencia de Mendoza al poco tiempo de haber empezado a aprender.

Después me enganché en una Vendimia a bailar; y teniendo 18 años una profesora abrió una academia y me pidió que diera clases de zapateo folklórico. Empecé con Nelly Rueda de Miranda; estuve con Silvia Soto; con Cristina Vázquez más de 20 años; en el Polivalente daba clases de zapateo y tenía con Cristina un cuerpo de danzas y actuamos en varios lugares (Córdoba, Mendoza, Chile)… anduvimos bastante. 


¿Y Vendimia?
39 Fiestas de la Vendimia, incluyendo las que participé como bailarín, que fueron las cuatro o cinco primeras y después me tocó preparar la parte folklórica y hasta el año 2000, cuando preparé la última. Después empezaron a entrar quienes fueron mis alumnos, tomaron ellos la Vendimia. Quienes están ahora, fueron alumnos míos en el Polivalente.

Su imagen, inevitablemente da vueltas por allí.
Es que son muchos años (risas).

En cuanto a músicos, ¿a quiénes escucha?
En música, me inicié con los hermanos Ávalos, pero para bailar folklore, con tal de que tenga buen ritmo, me enganché con cualquiera que haya podido actuar (risas). He estado en muchas peñas, he participado en escuelas, en actos culturales, actos cívicos (fiestas patrias).

Además nunca dejé mi oficio, no me dediqué solamente al baile y a las clases.

¿Qué oficio?

Soy plomero y gasista matriculado, y ojalatero. Yo tenía taller hasta no hace mucho. Tenía empleados conmigo. Me iba a dar clases y ellos quedaban trabajando en el taller o iban a las casas y trabajaban allá porque instalábamos baños completos.

¿Cómo se compone su familia?
Mi señora, Pilar Arias y tenemos dos hijos: Roberto y Elisa. Además, los nietos.