sábado, 6 de octubre de 2018

Un mundo de muñecas en Villa Atuel

Mariana Gómez (47) es una docente, bibliotecaria y preceptora que, además, colecciona muñecas. Pero no lo hace como una simple actividad más, sino como una verdadera pasión. Alrededor de 2.500 muñecas hay en su casa de Villa Atuel, ella las ha bautizado y recuerda sus nombres. 


Mariana abre las puertas de su casa, e invita a pasar a un mundo mágico que –tal vez– podría “asustar” a alguno que haya visto una película de terror que utilice muñecas como protagonista. Pero, en realidad, es simplemente maravilloso contemplar la perfección de aquellos rostros a los que les falta reír, llorar, hablar… Entre muchas otras, están Boudoir Doll Francia, de 1915, donada por la familia Pegnone, parientes del pionero local Daniel Julián; está la muñeca española “Lolita”, donada por Alejandro Peñasco, quien fuera presidente de la prestigiosa biblioteca; además, se encuentra la primera muñeca fabricada en nuestro país, allá por 1939, llamada “Marilú”. 


¿Hace cuánto tiempo empezaste a coleccionar muñecas?

Empecé hace más de 25 años.

¿Por qué?


En realidad, toda la vida me han gustado, desde que tengo uso de razón. 



¿Cuántas tenés en tu colección?


Exactamente no sé, pero estimo que son aproximadamente 2.500.

¿Qué tipo de muñecas tenés?


Tengo muñecas desde principios de 1900, de Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Rusia… de todas partes del mundo, y de distintos materiales. Al principio se hacían de pasta, tengo de porcelana, de plastisol, de plástico, de tela, de metal, de madera, de vinilo.

También tengo colección de miniaturas, de todo lo que es bebitos, “Hello Kitty”; mueblecitos de Barbie, la casa de Barbie. 


¿Recordás la primera?

Sí. La primera es de la infancia de mi mamá, de sus 15 años. Tengo además, las muñecas de mis dos abuelas (fallecidas). Y yo comencé la colección con una Barbie, que le puse por nombre “Caramelito”.

¿Hay alguna que quieras más que al resto?

Sí, la muñeca de mi abuela Ernestina, que justamente, se llama “Ernestina”.

¿Tenés hijas mujeres?

No, tengo tres varones (Carlitos, Nico y Martín), y tres nietos de mi hijo mayor, varones también: Juani, Lauti y Mateo. 


¿Cómo es tu trabajo con las muñecas?

Yo las pinto. Fui en junio de este año a Brasil y ahí vi cómo es el Arte Reborn, que es lograr, a partir de un vinilo que está en blanco, con esa técnica, que se parezca a un bebé de verdad. Se hace con implante de pelo. Yo ya tengo mis primeras piezas pintadas y con el tiempo se va perfeccionando uno, como todo. Soy pionera en Mendoza en este tipo de arte.

¿Cuánto tiempo lleva una muñeca?


Pintarla lleva 4 horas, más o menos, pero a eso hay que sumarle el cabello, con el cabello lleva dos días, porque el cabello se coloca uno a uno, con una aguja especial. 


¿Las muñecas se venden con órganos genitales?

Algunas sí, aunque hay mamás a las que no les gusta que estén sexuadas. Si a la mamá no le gusta, van sin el sexo, pero hay quienes me piden “quiero un varón” o “quiero una nena”, entonces tengo los diferentes modelos. Para mí, si es sexuada me parece totalmente natural, si es una parte del ser humano, pero cada una tiene su idea y yo la respeto.

Quienes quieren conocer tu trabajo pueden verte en la plaza Francia, ¿no?


Algunos domingos estoy junto a la plaza Francia, donde está el Castillo de los Niños. Y también pueden venir a casa a ver la colección. También vendo Barbies y bebotes en realistas. Mi casa está en Villa Atuel, en La Alborada 89, barrio Goyenechea. 


Además, ¿a qué te dedicás?

Soy preceptora en la escuela técnica 4-017 y en el CENS 3-502. Soy maestra de primaria, secretaria escolar y bibliotecaria, pero trabajo únicamente como preceptora.

¿Cómo toman tus alumnas tu tarea de coleccionista de muñecas?


Siempre con curiosidad. Siempre viene gente a visitar la colección, también profesores y profesoras. Viene gente de cualquier lado, incluso de otras provincias. 


¿Qué premios has recibido?

Participé del Primer festival Seis Continentes en San Rafael; el Premio Latinoamericano de Oro de Venezuela; obtuve un reconocimiento del Senado de la provincia de Mendoza; y ahora un premio nacional que recibo en una velada de gala en Tucumán, el Award the best 2018, en la categoría “Hacedora por la Niñez”.

Es llamativa la cantidad de Barbies que tenés.

Tengo una colección importante de Barbies, las más destacadas las tengo (o al menos para mi apreciación personal). Entre ellas, tengo la primer Barbie que salió en 1959; tengo Barbie Marilin Monroe; tuve dos ejemplares de Barbie Frida Kahlo de pura suerte (porque después se prohibió su venta).

Cabe decir que no es “un amontonamiento de muñecas”, es una verdadera colección. La niña que viene acá puede ver la muñeca que tuvo su tatarabuela, su bisabuela, su abuela, su mamá… digamos, “una línea del tiempo de las muñecas”, ver cómo fueron cambiando es asombroso. 


¿Cómo hacés para limpiarlas?

Lo hago yo, y si no, viene una chica y limpia una por una. Hay que hacerlo con mucha delicadeza para no perder zapatos, accesorios (especialmente de las Barbies).

¿De dónde has traído las muñecas más difíciles de conseguir?


Muchas las busqué en San Telmo (Buenos Aires), la mayoría de las muñecas antiguas son de ahí; después tengo muchos regalos de señoras que son grandes y que dicen “vengo a dejarla acá porque cuando ya no esté mis hijos la van a tirar”, entonces yo digo que “no me pertenecen, sino que sólo están en mi custodia”. Acá están bien cuidadas. 


Mariana sueña que su colección, la que para ella es un verdadero tesoro, se convierta algún día en un museo para la provincia de Mendoza.