domingo, 28 de octubre de 2018

Pedir en la calle para poder llegar a fin de mes

María Gutiérrez es una sanrafaelina de 76 años, que vive junto a su hermano y un hijo. Dado que en su casa cobran muy poco dinero de pensiones y deben pagar diferentes préstamos que alguna vez pidieron, la realidad económica la llevó a tener que salir a la calle a pedir la ayuda de todos. 


Sin importar factores climáticos como el frío o el calor, durante algunas mañanas del mes, se la puede ver a María sentada en la primera cuadra de avenida El Libertador, sosteniendo en sus manos una pequeña caja en la que los transeúntes pueden dejarle una ayuda económica que realmente después, le es de suma utilidad no sólo a ella, sino también a su familia. Se trata de un ama de casa a la que la vida no le ha dado más opciones que enfrentarse a una realidad muy triste, ya que en definitiva la pobreza no es el proyecto de vida de nadie. 


Esta mujer relata que vive con un hermano que debe pagar diversos préstamos que obtuvo oportunamente, por lo que a él le quedan 1500 pesos para gastar en el mes. Mientras tanto, ella debe pagar otro tanto, lo que hace que, en su caso, reciba 4500 pesos de bolsillo mensualmente. Además, el tercer morador de la pequeña vivienda del barrio El Sosneado de habitan, es un hijo de ella que es jardinero, por lo que sus entradas tampoco son muy cuantiosas. Si bien tiene más familiares, ya han hecho sus vidas y tienen sus propios problemas, por lo que no pueden estar dependiendo de ellos tampoco.
Fue así que María decidió salir a la calle y pedirle ayuda al resto de los sanrafaelinos. Hizo hincapié en que si bien hay muchos que se detienen y no dudan en dar una mano con holgura, otros directamente, ignoran. Por otra parte, señaló que han ido a pedir auxilio oportunamente a la comuna, pero no encontraron respuestas de nadie. 


“Hace muchos años que estamos sufriendo estos problemas económicos, muchas veces no hemos tenido ni para comer, hemos tenido que pedir ayuda, no alcanza para nada. Hay que pagar el gas, la luz y todo eso”, dijo y aseguró que este tipo de situaciones se repiten en otros puntos del mismo barrio.

Luego de dar este testimonio, María toma sus cosas, camina hacia el colectivo y se va rumbo a hacer las compras con lo que pudo juntar de la mano dela gente, para dirigirse luego a aquella casa de estufa a leña, donde –según remarca ella misma– lo único que abunda es el amor de sus seres queridos.