miércoles, 3 de octubre de 2018

Ética en la voz… y en el hacer: la última entrevista de La Ventana a Jorge Quintana

Inconfundible al encender una radio y escucharlo: Jorge Quintana, y la impronta que dejó su voz a lo largo del camino. Uno de los locutores con mayor prestigio y experiencia de todos los que alguna vez pisaron LV4, nos abre las puertas de su casa para contarnos un poco a cerca del hombre que hay detrás del dial. 


Jorge Quintana destaca antes que nada, que la suya es una actividad laboral más, como cualquier otra, que se debe realizar con profesionalismo porque “tiene el mismo mérito el tipo que hace locución como el que viene enseguida a levantar los residuos o como un cirujano… es un trabajo”, destaca. 



¿Cómo empezó este trabajo?

Por accidente. Estaba cursando quinto año de magisterio, en agosto de 1962 (el 15 de agosto harán 50 años que comencé a hacer locución). Pero fue un trabajo temporario, “una changuita”, hasta tanto la cosa mejorara y me pudiera ir a estudiar abogacía. Todavía no mejora la cosa y cada vez parece que está peor…

Y ya no está para empezar abogacía.

(Risas) ¿Crees que no? Yo creo que no. De todas maneras hay que tener mucho estómago para ser abogado… bueno, para esa y muchas otras actividades.

Así que así empecé con locución. No estaba en mis planes, no estaba en mis cálculos, no lo había soñado nunca, no pensé que fuese mi vocación ni nada por el estilo, para nada. Creo que si me hubieran ofrecido ser chofer de colectivo hoy sería chofer de colectivo. Fue algo que se dio así, y una vez estando adentro sí, me enamoré de la cosa. Es como esas chicas que no son agraciadas, y después que las tratás terminás enamorándote. Más o menos así.

¿Por cuántos medios pasó?

Acá, con todos te diría, más algunos en Mendoza, más algunos en Alvear, más algunos en Malargüe, más algunos en Valle de Uco, más alguno en Buenos Aires… y si hay algo que yo puedo haber hecho a modo de “aporte” es el CD con las charlitas “Sería bueno no olvidarse” que ya dio la vuelta al mundo.
¿Cómo?

Gente que lo compró acá, o que escuchó las charlas en radio o en televisión y le gustó, y compró el CD y lo escuchó en su casa y le encantó, entonces compró otro y se lo mandó a alguien más… me lo ha contado gente que no conozco: “tengo mi hermana que está en Canadá, así que le mandé un CD suyo”, o “tengo mi hermano que esta en España”, o “tengo mi hijo que está en Italia”… y bueno, hace dos años o algo así, a través de internet me llegó un Power Point con una de las charlitas, la de “Los pavos no vuelan” que le habían puesto imágenes. Me lo manda un amigo y me dice “mirá, esto me lo mandaron a mí desde no sé donde”, y empiezo a rastrear los orígenes y lo había hecho una mujer de Bahía Blanca a quien no conozco y con quien nos pusimos en contacto. Ella lo hizo porque escuchó el CD en Bahía Blanca y le gustó. Ese CD es un pequeño representante de San Rafael, digo, a modo de “aporte”.

¿Esta profesión le dejó amigos?

Es el capital más grande que tengo. A mí me operaron de cáncer de colon el 28 de octubre en el hospital Italiano de Mendoza. Desde el momento en que se empezaron a enterar, empezaron a llamarme por teléfono, otros a visitarme personalmente. Hay quienes se hicieron el viaje nada más que para ir, estar dos horas y pegarse la vuelta.

Soy “multimillonario” en el terreno de los afectos. Cuando me preguntan sobre esta profesión, qué es lo que más rescato, fundamentalmente, es el respeto y el cariño de la gente. Yo te invitaría a que camines unas cuadras conmigo y que veas… sinceramente saludo por las dudas (risas). Me cruzo con gente y a pocos metros de distancia parece que le vieras un cartelito en la frente que dice “te voy a saludar”. Entonces saludo y muchas veces me preguntan “¿usted sabe quién soy?” y me pasa que me dicen “no, quédese tranquilo, usted no me conoce pero yo a usted sí”. Y eso me ha pasado acá, en Alvear, en Malargüe… es increíble.

Hace poco estaba en una clínica en Luján y apareció un matrimonio entre la gente que estaba esperando y se me acercaron a saludarme y yo me disculpo y les digo que no sé quiénes son. Entonces me dicen que son de General Alvear y que hace años que me conocen. Eso es fantástico.

¡Ojo! Con esto vas al supermercado y no te dan ni una cajita de fósforos, pero no importa, por la cajita de fósforos trabajamos todos los días.

¿Y enemigos?

Yo no los conozco. Si hay o no hay, no tengo ni la menor idea. Pero te cuento que cuando yo comencé, uno de los profesionales que tuve cerca y que me ayudó muchísimo y me enseñó muchísimo, es Edmundo Homan. Cuando yo comencé tenía 18 años recién estrenados, y Edmundo Homan y me dijo “mire Quintana (siempre me trató de usted) en esta profesión lo que le va a pasar es que muchos en el futuro le van a decir ‘¡Quintana!’, y otros van a decir ‘Quintana…’, y otros van a decir ‘¿quién es Quintana?’” Y qué bien que me lo dijo, y qué bien que se lo creí porque es absolutamente así y porque además esto es un oficio, una actividad laboral. Dicho más simple: esto es un trabajo como cualquier otro, lo que pasa es que hay trabajos que se desarrollan en una vidrier” –como en este caso- y hay otros en la trastienda y a veces valen más aquellos.

¿Cómo ve al periodismo hoy?

Creo desde siempre que la gente no es buena o mala por su raza, por su religión, por su uniforme, por su atuendo. Yo creo que hay buenos y malos; creo que hay capaces e incapaces; inútiles y útiles; creo que hay caraduras y gente digna; y en el periodismo pasa lo que pasa con todo lo demás: hay de los unos y de los otros. Lo que ocurre es que en esto se está más expuesto. Cuando ves o escuchás entrevistas que se le hacen a funcionarios por ejemplo (y esto sucede 114 veces por día más o menos), se te quedan a travesadas en la garganta un montón de preguntas. Decís “¿pero por qué no le pregunta sobre esto?” He escuchado decir hace poco que el pavimento se está rompiendo en lo que era la calle Uriburu, ahora Av. Mitre, desde el canal Pavez hacia el Este, “porque hay que ver la cantidad de años que tiene”, y supongo que ese funcionario y ese periodista olvidaron que el pavimento llegaba hasta la calle Las Heras años atrás y ese pavimento lo hizo Roberto Burgos Terán en el año 1938, y está mucho más entero que el que hicieron 50 años después, entonces no es una cuestión de “edad”, sino de hacerlas bien o hacerlas mal. Lo digo en función de las preguntas que a uno se le quedan atravesadas, pero se las tenés que formular primero al periodista porque quizás no lo sabe o prefiere olvidarse.

¿Es una persona feliz?

Sí, absolutamente. Se trata de que disfruto muchísimo lo que tengo. Empezando porque estoy vivo, que no es poco. Disfruto lo que tengo y me hago relativo problema por lo que no tengo. Por supuesto que trato de conseguir cosas y lucho y peleo y trabajo todos los días para conseguir cosas, pero si no las tengo, soy feliz igual.


Por: Max Belaeff