miércoles, 31 de octubre de 2018

Encendieron velas en Tribunales a 15 años de la muerte de Paula Toledo

A modo de protesta por lo que consideran aún, “un crimen impune”, un grupo de manifestantes se reunió en la medianoche del martes en la puerta de Tribunales y dejó velas, para que tanto empleados como autoridades del Poder Judicial, las encuentren este miércoles en horas de la mañana.


Cerca de la medianoche se acercaron al lugar los manifestantes, velas en mano, y las encendieron, dejándolas en la explanada junto a la puerta de ingreso al edificio. Seguidamente, se realizó un minuto de silencio en memoria de Paula Toledo. Además, se lamentó la ausencia de Nury Ribota, mamá de la joven asesinada, quien por cuestiones de salud no pudo estar presente, el dolor por la pérdida de su hija, sumado a la impunidad inmensa que se suma año a año, le quita cada vez más fuerza para seguir adelante.
El lamentable caso


El 31 de octubre de 2003, alguien llamó a la puerta de la casa de Paula (19), mientras ella terminaba unos trabajos de su escuela, el Polivalente de Arte. Su familia ya estaba acostada, por lo que nunca se enteró que la joven salió, dejando la puerta entreabierta.

Paula terminó junto a varios sujetos en una casa abandonada, que da a calle Los Filtros, frente al barrio El Sosneado, donde fue salvajemente violada por al menos tres hombres, quienes luego de matarla, la arrastraron unos 300 metros hasta la calle Victorino de la Plaza, donde finalmente fue hallada sin vida al día siguiente, dentro de una acequia.

Un gran operativo policial en el lugar, alrededor de las 10 del 1 de noviembre, trató de preservar las pruebas, sin embargo el cuerpo fue torpemente examinado por el doctor Francisco Talio, quien manguereó el cadáver con la excusa de “estar muy sucio”. Por otra parte, no obtuvo muestras de semen y ni sangre de los homicidas, lo que fue determinante para que años después, no fueran condenados los imputados Ivan Gauna, Andrés Maravilla y los hermanos Alejandro y Víctor Echegaray.


Los nombrados, eran –según conocidos del barrio– “jóvenes de malvivir”, que se solían juntarse en la zona, con el fin de tomar y drogarse. Es por ello que se transformaron en los principales sospechosos del crimen, junto a Marcos Graín, quien fue sindicado como el entregador, pues tenía con Paula una relación afectiva.

Todos terminaron presos hasta el juicio, excepto Graín, quien desapareció hasta años después, cuando fuera capturado en Misiones. Estuvo detenido en Investigaciones varios meses, cuando se desarrolló un nuevo debate, donde se juzgó su participación en el homicidio, y fue declarado inocente. La misma suerte corrieron los demás imputados, a excepción de Maravilla, que fue sobreseído, el trío de Gauna y los Echegaray fueron absueltos por el beneficio de la duda.

Los jueces de la Primera Cámara del Crimen, presidida por Domingo Mauricio, con el fallo despertaron la ira de todo un pueblo que reclamó y sigue reclamando “justicia”.

En los fundamentos de la sentencia, argumentaron que se hizo mal la etapa de instrucción, y culparon a Talio por su accionar de no preservar la prueba genética que hubiera permitido la identificación de los criminales.

Idas y venidas ha tenido el caso con más juicios, que lamentablemente han tenido finales similares y que han llegado incluso a la Corte provincial, pero que siempre terminan en el beneficio de la duda.

Ahora será el turno de la Corte Suprema de la Nación. Ojalá que esta historia tenga el final que corresponde: justicia.