viernes, 22 de junio de 2018

¿Y si Messi se burlara de nuestra mediocridad?


Me imagino qué sentirían millones de mecánicos, abogados o maestras mediocres de este país si en cada momento de sus vidas grises y fallidas lo tuvieran a Messi gritándololes cosas como:

"¡Pedazo de infeliz, se te cayó la bujía!"

"¡La concha de tu madre, por un punto rendiste mal para poder ser juez!"

o "¡Boluda total, MATATE, cómo se te va a olvidar el año en el que murió Sarmiento!"

Millones de argentinos que en sus oficios y profesiones tienen diariamente un desempeño de cuarta categoría, tan de cuarta que ni siquiera podrían competir por ser los mejores del barrio, demuestran una absoluta falta de humanidad y empatía como para entender el error ajeno, y menos aún, el dolor de un ser humano que cometió el pecado de soñar con haberles querido dar una alegría, pero que falló en el intento.

Esos genios del fracaso y la mediocridad, no tienen ni el corazón ni la inteligencia como para entender que hasta Messi, un ser humano, puede pasar un momento malo, no tolerar tanta presión psicológica, y que eso conspire para poder entregarse relajadamente a un juego en el que se necesita fluir con la mente libre y creativa.

Messi también puede tener dias mediocres, y más aún cuando la fétida y agresiva presión de millones de mediocres fracasados está allí, soplándole la nuca en cada paso hacia el arco rival, exigiéndole que les llene ese vacío existencial que jamás pudieron llenarse a sí mismos durante sus grises vidas.

Messi, ese pibe al que los argentinos despreciaron, sabe que se puede equivocar todo lo que quiera España, porque allí le son incondicionales, aún en el fracaso. Y por eso no se equivoca casi nunca: allá fluye feliz y entonces hace cosas increíbles.

Esta publicación no habla de fútbol. Tampoco habla del Messi futbolista. Esta publicación trata sobre la ingratitud humana, la falta de compresión, empatía y solidaridad con otro ser humano, justo allí cuando fracasa en su intento de darnos alegría.

Messi es humano. Messi puede tener algunos días mediocres, tan mediocres como lo son TODOS Y CADA UNO de los días de muchos de aquellos que lo critican.

Lucrecia Arremolina