jueves, 26 de abril de 2018

Una vida en la Sección Canes

En 1972, Osvaldo Ciardullo (75) ingresó a la Policía de Mendoza y dos años después comenzó en la capital provincial, un curso para ser entrenador de perros. Más tarde, fue uno de los primeros integrantes de la Sección Canes que tuvo San Rafael. Recientemente recibió una distinción por ello. Un trabajo que requiere paciencia, templanza y sobre todo amor por los animales. 


Si bien en el acto la sección Canes se presentó con su “40° aniversario”, Osvaldo explicó que los adiestradores llevaban aún más años trabajando ya que hicieron el curso -que tuvo una duración de aproximadamente 4 meses- en 1974, es decir hace 44 años, y que trabajaron primero en un predio ubicado en calle Deoclesio García, antes de ir al predio donde trabaja actualmente el cuerpo de Canes en la Isla del Río Diamante. “Antes de ir a la Isla estuvimos en tres o cuatro lugares, pero estuvimos”, asegura.
¿Qué raza de perros ha entrenado?

Cuando comencé a trabajar, entrenaba ovejeros alemanes y también contábamos con dos pointer que llegaron para realizar rastreos, no había otras razas.

¿Cómo es hacer ese trabajo?

Es algo muy lindo, pero tiene que gustarte. Hay que tener constancia, paciencia, cariño y lo demás va agregado a lo que el perro asimila y a lo que vos podés enseñarle, digamos.

La base de hacer un adiestramiento es tener mucha paciencia, caminar con el perro es la base, eso es lo que más le gusta a él, ir encaminándolo, que no pelee, que la gente de afuera no lo toque para que no pierda carácter, son cosas que se van complementando con el perro y con vos. 


Sufrir mordidas es parte de los gajes del oficio, ¿no?
¡Claro! Mayormente las mordidas se dan por inexperiencia, y siempre quedan algunas cicatrices. En Canes hay un dicho: “El que no ha sido mordido por un perro no es de Canes” (risas).

Imagino que usted tiene perros, ¿no?

Sí, claro, tengo dos. Una rottweiler, y una ovejero… pero no las he entrenado. Se llaman Anur y Quimey.

¿Por qué no las ha entrenado?

(Risas) Porque viví entrenando afuera y las míos quedaron… nunca se me dio por entrenarlas. Son muy buenas, son bravas. Es lo que yo quiero (que sean buenas con nosotros, con la familia, los nietos, y que sean bravas cuando entre gente extraña a la casa). Yo no las quiero para exhibiciones, no las quiero para sacarlas afuera… quiero que me sean útiles para mi familia y a mí acá en casa.

No voy a hacer que se paren en dos manitos, que se hagan las muertas, eso es circo. Era lindo ir a las exhibiciones en aquellos tiempos a las escuelas a hacer apayasadas, a alegrar a los chicos, pero ahora ya no se puede.

¿Cómo se sintió cuando lo invitaron a recibir este reconocimiento?

Lo que pasa es que toda la vida seguí yendo a Canes, porque es mi “segunda casa”. Los compañeros que tuve se perfeccionaron y yo quedé en el tiempo, hay cosas que yo no entiendo porque me quedé en el “junto”, “quieto”, “sentado” y ellos tienen otra tecnología. Yo puedo quizás tener la experiencia, pero ellos tienen la tecnología de hoy para perros que trabajan contra la droga. 


Igualmente fue una alegría, una emoción muy grande. Recientemente tuve un problema de salud que me dejó realmente muy sensible, veo una cosa fuerte y enseguida se me caen las lágrimas, te vuelve sensible a todo.

¿Cómo se compone su familia?

Tengo a mi señora y cinco hijos, pero vivo solo con ella. Tres hijos están en Malargüe y dos en San Rafael. Tres de mis hijos y mi yerno son policías también.

¿Cómo ve a la policía en la actualidad?


Y… tengo tres hijos en la policía, digamos que las cosas han cambiado mucho. Antes vos veías un policía y generaba respeto, hoy ves cómo los insultan y también los ves a veces a los policías de guardia en una esquina con el celular en la mano. Antes la policía era más comunitaria.